Mi?rcoles, 26 de agosto de 2015

La luz entra por la ventana de tu habitación y abres los ojos lentamente. Miras el reloj y es temprano pero te da igual y te levantas. Observas tu habitación y la ves de una manera muy distinta. Una manera totalmente diferente a como la viste la noche anterior. Aunque todas las mañanas unas lágrimas se escapan de tus ojos, hoy no te apetece llorar. Todo lo contrario. Te apetece reír hasta que te duela el estómago. Por un momento, por un solo instante, piensas en la noche anterior y te da vergüenza haber llorado. Hoy, el día promete ser maravilloso y sientes que podrás encontrar la tarjeta del móvil, arreglar las gafas, solucionar los problemas que te hicieron enfadarte con ciertas persona e incluso, por qué no, dejar de fumar. Y es que los nervios, que otros días acercaban un cigarro a tu boca, hoy ya no están y sientes que no van a volver nunca. Te levantas con energía de la cama y coges el paquete de tabaco que guardas secretamente. Lo abres y observas los pocos cigarrillos que te quedan. Abres la ventana y sin dudar ni un momento, los arrojas a través de ella. Sabes con certeza que no los vas a volver a necesitar. Una sonrisa se escapa de tu boca al recordar a ciertas personas y te sientes feliz. Ya no importa lo mal que te haya ido en los últimos días, ni la cantidad de cosas que te han hecho llorar, ni siquiera importan los problemas que te queden por solucionar. Porque hoy es tu día y nada más importa. Hoy, te apetece contarlo todo, te apetece decírselo a esa persona y te apetece reírte de lo que lloraste ayer. También te apetece decirle a todas aquellas personas a las que todavía no se lo has dicho, bien por falta de ocasión, bien por vergüenza, que las quieres, y que tu vida no sería lo mismo sin ellas. Hoy acabas de descubrir quién eres y por qué estás en el mundo. Te da igual si no piensan igual que tú. Hoy sabes que vivir merece la pena y que los recuerdos, si son bonitos, no se olvidan nunca. Y es ahora, en este momento, mientras observas cada rincón de tu habitación, cuando te apetece realmente gritarle a todo el mundo que tu vida no es una mierda y que te acabas de dar cuenta de todo lo que vales. Te apetece saltar, gritar, reír soñar sentir, bailar, cantar y comerte el mundo. Hoy, te envidio. Porque te has dado cuenta de lo maravillosa que es tu vida en realidad y de lo feliz que se siente uno cuando sonríe con cada músculo de tu cuerpo. Hoy, te arrepientes de todo lo que has llorado y sientes que nada puede detenerte.


Publicado por darthseid @ 21:04  | Relatos

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