El rollo de Los Iluminados era secreto. Muy secreto. Tan, tan secreto, que ellos mismos hacían como que no se conocían cuando se encontraban por ahí. Incluso se daban de piños sin motivo aparente (siguiendo la tradición Marvel) para mantener las apariencias, y sobre todo el secretismo de su relación
Después de hacer un montón de tonterías a lo largo de los años (o meses, según quien lleve la cuenta del "tiempo Marvel")...
... Los Iluminados tuvieron reunión polémica, donde tomaron una decisión polémica y muy razonable que no se había hecho antes
Hulk había perdido el coco debido a que una bomba Gamma le explotó en toda la jeta y había hecho cosas malas en Las Vegas. Cosas malas que incluyen un poco de remodelación urbanística no aprobada por el Ayuntamiento Vril Stark y Kakarot Richards decidieron que ya estaba bien y que había que echarlo del planeta
Namor/Vegeta siguió demostrando sensatez y se opuso. El Doctor Extraño también se opuso, pero menos. Total, ya había exiliado a Banner de la Tierra una vez, así que, una más. Rayo Negro no dijo nada
Le tendieron una trampa, lo metieron en una lanzadera y lo mandaron a un planeta lleno de plantas (verdes, claro) y diversiones (a saber...), pero sin vida inteligente a la que tocar los cojones.
Como Iluminados que son, hicieron honor a su nombre, y tuvieron las pelotas de contárselo todo: "Una y otra vez, tu rabia y tu poder han amenzado al planeta entero. (...) Siempre he pensado en nosotros como amigos, Bruce, así que lo siento muchísimo, de verdad. Pero por tu bien y el nuestro, te estamos enviando lejos. Es la única forma en la que podemos estar seguros. (...) No habrá nadie allí que te pueda herir, y nadie al que puedas herir. Siempre has dicho que querías que te dejaran solo para finalmente encontrar la paz." (Kakarot Richards dixit)
A ver si el pobre Banner se marchaba engañado, pensando que la lanzadera se había estropeado y vagaba a la deriva por el espacio, en vez de haber recibido una puñalada trapera de sus amigos...
Hace unos añitos de nada, los ejércitos Kree-Skrull usaron la Tierra como campo de Batalla en su guerra de siglos de antigüedad. Los Vengadores se metieron por el medio y arreglaron el asunto de manera más o menos satisfactoria.
Por la época, a Tony Stark (Iron Man para los menos amigos), se le dió por pensar y decidió reunir a un grupo para tomar chupitos y arreglar el país
Y, ya que estaba, les propuso que para hacer frente a situaciones como la que acababan de pasar, sería tope guay fundar La Legión de Super-Heróoes ("Deberíamos unirnos. Deberíamos tener nuestra propia delegación. En lugar de esos pequeños grupos de héroes y mutantes que hemos reunido, haciéndolo cada uno lo mejor que puede, quizás pudiéramos unir nuestros recursos y nuestra información y hacerlo bien.", tal cual...)
Namor/Vegeta, aunque parezca mentira, resultó ser el más sensato del grupo, y dijo que nanay, que La Legión de Super-Heróes era copyright de DC, y que lo que molaba de los cómics Marvel era que los héroes se diesen en los piños cada dos por tres sin motivo aparente, que lo de llevarse bien no se podía hacer, que bajaría las ventas. Y, además, que le caían todos muy mal, pero lo de tener un grupo para tomar chupitos era una idea chachi-piruli, pero tenían que hacerlo en secreto, para que así cuando la mujer de Kakarot Richards lo descubriese, se cabrease mucho y cayese en sus brazos... (lo que hacen algunos por un polvo...)
A Pantera Negra también le invitaron, pero no sale en la foto porque dejó muy claro desde el principio que él pasa de chupitos... y que mientras no le interprete Wesley Snipes, no se va a dedicar a poner poses ridículas
Y el Amo de las Estrellas brilló con tanta fuerza que su luz estuvo a punto de deshacer a la Sombra Sin Nombre. Pero ella resistió, y huyó de allí... y fue a ocultarse en lo más profundo del mundo, lejos de la superficie, en un lugar donde nadie pudiera encontrarla.
Allí quedó un tiempo, sumida en la oscuridad. Hasta que un día topó con una criatura en uno de los túneles. Era una serpiente.
La Sombra Sin Nombre no había hablado nunca con las serpientes. Reptaban demasiado cerca del suelo como para tener una sombra grande, una sombra en la que valiera la pena fijarse. Pero aquella serpiente ni siquiera sabía lo que era una sombra, pues vivía en la oscuridad, como ella, y nunca había visto la luz de los soles. Así, la serpiente y la Sombra Sin Nombre se hicieron amigas. Y un día, la Sombra le preguntó a la serpiente si podía ser su sombra. "Claro que sí -respondió ella-, puesto que nunca he tenido una sombra."
Y, a partir de entonces, la Sombra Sin Nombre dejó de ser la Sombra Sin Nombre, para convertirse en la Sombra de la Serpiente. Y dice la historia que, cuando la serpiente murió, la sombra se había hecho tan fuerte a su lado que siguió existiendo, y desde entonces posee la forma de una serpiente, no importa cuántos soles la iluminen, ni a qué cuerpos y objetos se acerque.
Pensó entonces que podía ser la sombra de un ave. Las sombras de las aves son cambiantes y esquivas, parecían tener una personalidad propia, como ella. Así que le preguntó a un pájaro si podía ser su sombra. El pájaro no lo sabía. Ni siquiera se había dado cuenta de que tenía tres sombras. Los pájaros no se fijan mucho en esas cosas. De modo que la Sombra fue a ver al Amo del Viento. Tenía miedo, pero le habían dicho que el Amo del Viento era un tipo simpático. Cuando la vió, el Amo del Viento se burló de ella. "¡Eres tan poca cosa! -le dijo- ¡Sólo una sombra, no eres nada, nada importante! ¡Y te has atrevido a presentarte ante mí! Ah, sí, eres muy graciosa..." El Amo del Viento seguía riéndose cuando la Sombra se fue de allí. Tampoco volvió a hablar con los pájaros.
Se dijo que los soles eran los responsables de todo aquello. Ellos creaban las sombras de las cosas y habían decidido que sólo eran tres. Quizá ellos pudieran darle nombre o decirle de qué manera podría ser como las otras sombras.
Pero los soles le dijeron que debía hablar con el Amo de los Soles, el más poderoso y temible de todos. Y la Sombra Sin Nombre se presentó ante él.
Nada más verla, el Amo de los Soles montó en cólera. "¡Basura, basura! ¿Qué estás haciendo aquí?" Trató de aplastar a la Sombra con su fuego abrasador, pero la Sombra escapó. Y desde aquel día, dejó de salir a la luz de los soles.
Una noche habló con las lunas. Las lunas también producían sombras, no tan nítidas como las sombras diurnas, pero sí más bonitas. Las lunas le dijeron que hablara con el Amo de las Estrellas. La Sombra Sin Nombre estaba cansada, pero no sabía que otra cosa hacer.
El Amo de las Estrellas no le gritó ni le insultó. Se limitó a mirarla y a escucharla. "Yo no quiero ser una Sombra Sin Nombre -dijo ella-. Si soy la sombra de algo, quiero saber de dónde procedo, y por qué no estoy unida a ese algo, como todas las demás sombras."
"Ah -dijo el Amo de las Estrellas-, ¿no lo entiendes? Eres la Sombra del Amo de la Montaña, del Amo del Bosque, del Amo del Mar; eres la Sombra del Amo del Viento, del Amo de los Soles y del Amo de las Estrellas. Pero los Amos no debemos tener sombras, y por eso, tú no debes existir."
Hubo una vez una Sombra Sin Nombre. Vagaba por el mundo, sola y confusa. No sabía de dónde venía, ni quién era, ni si había otras sombras como ella. Se había perdido.
Había intentado hablar con las sombras que proyectaban los objetos, pero eran sombras muertas que no respondían a sus preguntas. "¿No habrá en el mundo nadie como yo?", se preguntaba la sombra.
Por un tiempo deseó ser como aquellas sombras mudas. Cualquier cosa, con tal de escapar de la soledad. Así que le preguntó a una roca si podía ser su sombra. "Yo ya tengo mis tres sombras -dijo la roca-. No necesito ninguna más." La Sombra Sin Nombre preguntó: "¿Y por qué?". "Porque hay tres soles -dijo la roca-, y por eso todas las rocas hemos de tener tres sombras." La Sombra Sin Nombre dijo que quizá hubiera otra roca con sólo dos sombras, o incluso con una, y que necesitase una tercera sombra. La roca le recomendó que preguntase al Amo de la Montaña, que conocía todas las rocas del mundo.
La Sombra Sin Nombre buscó al Amo de la Montaña; pero, cuando por fin lo encontró, éste no fue nada amable con ella. "¿Qué haces tu aquí? -le preguntó, con una voz terrible que sonaba como cientos de piedras rodando por una ladera-. Eres solo una sombra, no puedes dejarte ver bajo los soles. Tu lugar es la oscuridad de la que procedes."
El Amo de la Montaña asustó tanto a la Sombra Sin Nombre que ésta salió huyendo, y no volvió a acercarse a las rocas. Así que continuó su camino. Y un día se atrevió a acercarse a un árbol, y preguntarle si podía ser su sombra. "No lo sé -dijo el árbol-, pues yo ya tengo mis tres sombras, y no sé si el Amo del Bosque me permitiría tener una cuarta sombra." La Sombra Sin Nombre fue a ver al Amo del Bosque, pero éste gritó al verla. "¡Vete! ¡Vete! ¡Largo de aquí! ¡No deberías existir!" El Amo del Bosque era terrible y poderoso, y la Sombra Sin Nombre escapó de allí, y no volvió a acercarse a los árboles.
Pero el tiempo pasaba, y la Sombra Sin Nombre estaba cada vez más confusa y perdida. Como tenía miedo de las rocas y de los árboles, quiso esconderse en las profundidades del mar, y le preguntó a un pez si podía ser su sombra. "No hay muchos peces que tengan sombra -dijo el pez-. Sólo aquellos que nadan en aguas poco profundas, donde puede llegar la luz de los soles. Pero ellos ya tienen todas sus sombras." La Sombra Sin Nombre fue a ver al Amo del Mar. Y el Amo del Mar se sorprendió mucho cuando la vio. "¡Ah, de modo que estás aquí!", dijo, y quiso encerrar a la Sombra en una prisión húmeda y oscura. La Sombra Sin Nombre, asustada, huyó de allí, y no volvió a acercarse al mar.
Se cuenta que en una ciudad del interior, un grupo de personas se divertían con el idiota de la aldea, un pobre infeliz, de poca inteligencia, que vivía de pequeñas changas y limosnas. Diariamente ellos llamaban al idiota al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una grande de 400 reales y otra pequeña, de 2000 reales. Él siempre escogía la mayor y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos.
Cierto día, alguien que observaba al grupo le llamó aparte y le preguntó si todavía no había percibido que la moneda mayor valía menos. "Lo sé", respondió, "no soy tan bobo. Esta vale cinco veces menos, pero el día que escoja la otra, el jueguito acaba y no voy a ganar más mi moneda."
Esta historia podría concluir aquí, como un simple chiste, pero se pueden sacar varias conclusiones:
· La primera: Quien parece idiota, no siempre lo es.
· La segunda: ¿Quiénes eran los verdaderos idiotas de la historia?
· La tercera: Una ambición desmedida puede acabar cortando tu fuente de ingresos.
Pero la conclusión más interesante es: Podemos estar bien, aún cuando los otros no tengan una buena opinión sobre nosotros mismos. Por lo tanto, lo que importa no es lo que piensan de nosotros, pero sí lo que realmente somos.
El mayor placer de un hombre inteligente es aparentar ser idiota delante de un idiota que aparenta ser inteligente.
Si te dijera, amor mío,
que temo a la madrugada.
No sé qué estrellas son éstas
que hieren como amenazas,
ni sé que sangra la Luna
al filo de su guadaña.
Presiento que tras la noche
vendrá la noche más larga.
Quiero que no me abandones,
amor mío, al alba,
al alba, al alba.
Los hijos que no tuvimos
se esconden en las cloacas,
comen las últimas flores,
parece que adivinaran
que el día que se avecina
viene con hambre atrasada.
Presiento que tras la noche
vendrá la noche más larga.
Quiero que no me abandones,
amor mío, al alba,
al alba, al alba.
Miles de buitres callados
van extendiendo sus alas.
¿No te destroza, amor mío,
esta silenciosa danza,
maldito baile de muertos
pólvora de la mañana?
Presiento que tras la noche
vendrá la noche más larga.
Quiero que no me abandones,
amor mío, al alba,
al alba, al alba.