Por si la imagen no ve con claridad, decir que salen un puñado de skrulls fusionando poderes y aspecto de varios personajes. Así como ejemplo, en el centro tenemos a Rayo Negro, con una capa metalizada estilo Doctor Extraño, un brazo elástico tipo Mr. Fantástico; también aparece un Coloso con las garras de Lobezno y los rayos ópticos de Cíclope... y hay más
Civil War fue la historia de un niño de 4 años que pone a pelear a sus muñecos sin mucha explicación lógica... Secret Invasion parece que va a ser la historia de un niño de 8 años que dibuja varios- personajes-en-uno
Porque lo eres, porque la has humillado, porque la has menospreciado, porque la has golpeado, abofeteado, escupido, insultado... porque la has maltratado.
¿Por qué la maltratas? Dices que es su culpa, ¿verdad? Que es ella la que te saca de tus casillas, siempre contradiciendo y exigiendo dinero para cosas innecesarias o que detestas: detergente, bayetas, verduras... Es entonces, en medio de una discusión cuando tú, con tu "método de disciplina" intentas educarla, para que aprenda. Encima lloriquea, si además vive de tu sueldo y tiene tanta suerte contigo, un hombre de ideas claras, respetable. ¿De qué se queja?
Te lo diré: Se queja porque no vive, porque vive, pero muerta. Haces que se sienta fea, bruta, inferior, torpe... la acobardas, la empujas, le das patadas... patadas que yo también sufría.
Hasta aquel último día.
Eran las once de la mañana y mamá estaba sentada en el sofá, la mirada dispersa, la cara pálida, con ojeras. No había dormido en toda la noche, como otras muchas, por miedo a que llegaras, por pánico a que aparecieses y te apeteciera follarla (hacer el amor dirías) o darle una paliza con la que solías esconder la impotencia de tu borrachera.
Ella seguía guapa a pesar de todo y yo me había quedado tranquilo y confortable con mis piernecitas dobladas. Ya había hecho la casa, fregado el suelo y planchado tu ropa. De repente, suena la cerradura, su mirada se dirige hacia la puerta y apareces tú: la camisa por fuera, sin corbata y ebrio. Como tantas veces. Mamá temblaba. Yo también. Ocurría casi cada día, pero no nos acostumbrábamos. En ocasiones ella se había preguntado: ¿y si hoy se le va la mano y me mata? La pobre creía que tenía que aguantar, en el fondo pensaba en parte era culpa suya, que tú eras bueno, le dabas un hogar y una vida y en cambio ella no conseguía hacer siempre bien lo que tú querías. Yo intentaba que ella viera como eres en realidad. Se lo explicaba porque quería huir de allí, irnos los dos... mas, desafortunadamente, no conseguí hacerme entender.
Te acercaste y sudabas, todavía tenías ganas de fiesta. Mamá dijo que no era el momento ni la situación, suplicó que te acostases, estarías cansado. Pero tu realidad era otra. Crees que siempre puedes hacer lo que quieres. La forzaste, le agarraste las muñecas, la empujaste y la empotraste contra la pared. Como siempre, al final ella terminaba cediendo. Yo, a mi manera gritaba, decía: mamá no, no lo permitas. De repente me oyó. ¡Esta vez sí que no! –dijo para adentro-, sujetó tus manos, te propinó un buen codazo y logró escapar. Recuerdo cómo cambió tu cara en ese momento. Sorprendido, confuso, claro, porque ella jamás se había negado a nada.
Me puse contento antes de tiempo.
Porque tú no lo ibas a consentir. Era necesario el castigo para educarla. Cuando una mujer hace algo mal hay que enseñarla. Y lo que funciona mejor es la fuerza: puñetazo por la boca y patada por la barriga una y otra vez...
Y sucedió.
Mamá empezó a sangrar. Con cada golpe, yo tropezaba contra sus paredes. Agarraba su útero con mis manitas tan pequeñas todavía porque quería vivir. Salía la sangre y yo me debilitaba. Me dolía todo y me dolía también el cuerpo de mamá. Creo que sufrí alguna rotura mientras ella caía desmayada en un charco de sangre.
Por ti nunca llegué a nacer. Nunca pude pronunciar la palabra mamá. Maltrataste a mi madre y me asesinaste a mí.
Y ahora me dirijo a ti. Esta carta es para ti, cabrón: por ella, por la que debió ser mi madre y nunca tuvo un hijo. También por mí que solo fui un feto a quien negaste el derecho a la vida.
Pero en el fondo, ¿sabes?, algo me alegra. Mamá se fue. Muy triste, pero serenamente, sin violencia, te denunció y dejó que la justicia decidiera tu destino. Y otra cosa: nunca tuve que llevar tu nombre ni llamarte papá. Ni saber que otros hijos felices de padres humanos señalaban al mío porque en el barrio todos sabían que tú eres un maltratador. Y como todos ellos, un hombre débil. Una alimaña. Un cabrón.
II Premio del II Concurso Nacional ‘Carta a un maltratador’ Fernando Orden Rueda, 2º Bachillerato Ciencias de la salud, I.E.S Bioclimático, Badajoz.
Un amigo mío se fue a Madrid sabiendo que su novia necesitaba unas gafas para
la vista, y encontrando la ocasión de comprarle unas muy bonitas y baratas, entró
en una óptica. Después de ver unas cuantas, se decidió y le compró unas. La
dependienta se las envolvió y pagó la cuenta, pero al marcharse, en lugar de
coger la caja con las gafas, cogió otra muy parecida que había al lado que
contenía unas bragas que seguramente alguna cliente de las que había en la
óptica se acababa de comprar.
Mi amigo no se dió cuenta de la equivocación así que desde allí se fue
directamente a correos y le envió la caja a su novia junto con una carta. La
novia recibió el paquete y quedó perpleja por el contenido, así que leyó la
carta que decía:
"Querida mía:
Espero que te guste el regalo que te envío, sobre todo por la falta que te
hacen, ya que no tienes ninguna, pues las otras que tenías llevabas mucho tiempo
con ellas y éstas son cosas que se tienen que cambiar de vez en cuando. Espero
que haya acertado con el modelo, la dependienta me dijo que eran la última moda
y me enseñó las suyas, que eran iguales. Entonces yo, para ver si eran ligeras,
cogí y me las puse allí mismo. ¡No sabes como se rió la dependienta! Como te
imaginarás, estos modelos femeninos en los hombres quedan muy graciosos y más a
mí que ya sabes que tengo unos rasgos muy alargados. Una muchacha que había allí
me las pidió, se quitó las suyas y se las puso para que yo viera el efecto que
hacían, las ví estupendas, me decidí y las compré.
Póntelas y enséñaselas a tus padres, a tus hermanos, en fin, a todo el mundo
a ver qué dicen. Al principio te sentirás muy rara, acostumbrada a ir con las
viejas y más ahora que has estado tanto tiempo sin llevar ninguna. Si te están
muy pequeñas me lo dices, que si no te van a dejar señal cuando te las quites
para ir a la calle y todo el mundo va a notar que las tienes. Ten también
cuidado de que no te estén grandes, no sea que vayas andando y se te caigan.
Llévalas con cuidado y sobre todo, no vayas a dejártelas por ahí y las pierdas,
que tienes la costumbre de llevarlas en la mano para que todos vean tus
encantos. En fin, para que te voy a contar más, sólo te digo que estoy deseando
vértelas puestas.
Este es el mejor regalo que podía hacerte,
cariño."